jueves, 8 de enero de 2009

Absurdo en el semirapido.

Ayer después del encuentro desconcertante, me subí al semirapido, coloque las monedas en la máquina sacaboleto y me senté en los asientos más incómodos de los actuales buses (los asientos enfrentados).
Saqué mi libro de Cortázar, regalo de reyes de mi madre, y lo empece a leer. No me podía concentrar porque todo el bus incluido yo, escuchaba a todo volumen un cd del grupo Abba que supuestamente lo había colocado el señor chofer.
Enseguida miró con mirada cómplice a mis compañeros de viaje pero todos estaban en su mundo interior. Unos durmiendo, otros escuchando quién sabe qué y otros mirando el paisaje aburrido. Así fue que mis ojos cayeron en la mirada atenta de una niña de diez años aproximadamente que me miraba con la complicidad que yo miré anteriormente a los pasajeros. En ese momento me tenté de una manera no disimulada, la niña sabía muy bien de que me estaba riendo. Entonces le hago una mueca de complicidad y comenzamos a reirnos de la situación. Ella, el tema Chiquitita de Abba (no sé si esta bien el nombre del tema y no me importa saber) y yo nos vimos envueltos en esa marea de cosas absurdas que tanto me da risa. Eso me liberó de la sensación de desconcierto que tenía esa tarde.